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miércoles, febrero 07, 2007

El anillo 

-Vengo maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no hago nada bien, que soy torpe, nadie me quiere.

¿Cómo puedo mejorar?¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro le dijo: -Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizá después... -Y haciendo una pausa agregó: -Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y tal vez después pueda ayudar.

-E... encantado maestro -titubeó el joven, pero sintió que otra vez era -Bien -asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba puesto en el dedo pequeño de la mano izquierda y se lo dio al muchacho, agregó: -toma el caballo que está ahí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara, hasta que un viejito se tomó la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.

Después de ofrecer su joya a todo el que se cruzaba en su camino, y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó. Entró a la habitación, donde estaba el maestro, y le dijo: -Maestro, lo siento pero no es posible conseguir lo que me pediste. Quizá pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que pueda engañar a nadie respecto al verdadero valor del anillo.

-Qué importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro -Debemos primero saber el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. Quién mejor que él para saberlo. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. No importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

Llegó a la joyería, el joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó, y luego dijo: -Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.

-¿Cincuenta y ocho monedas? - exclamó el joven. -Sí -replicó el joyero -Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... Si la venta es urgente...

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido. Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo.

-Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única.

Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto.

¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.

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martes, enero 23, 2007

Martillo y clavos 

Esta es la historia de un chico que tenía muy mal carácter. Su padre, un hombre sabio, le dio una bolsa de clavos y le dijo:
"Cada vez que pierdas la paciencia y que por ello insultes o agredas a otro, deberás clavar uno de estos clavos detrás de la puerta".

El primer día, nuestro impaciente amigo clavó 41 clavos detrás de la puerta. A medida que pasaba el tiempo comenzó a clavar cada vez menos. Descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar clavos. Esto ocurrió así hasta que llegó el día, luego de unos años, en que pudo controlar su carácter durante todo el día.

Después de informar a su padre, éste le dijo:
"¡Muy bien, hijo, sabía que lo lograrías! Pero ahora debes retirar un clavo cada día que logres estar tranquilo sin ninguna rabia en tu corazón".

Algunos meses más tarde el joven pudo por fin avisar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta.

Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta. Le dijo:

"Has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que te dejaste llevar por la rabia y la impaciencia, dejaste cicatrices en tus seres queridos. Exactamente como las que aquí ves en nuestra puerta. Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero del modo como se lo digas lo devastará, y la cicatriz perdurará para siempre. Recuerda esto cada vez que estés a punto de agredir a alguien."

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domingo, diciembre 17, 2006

Dos locos mirando al cielo 

Pocas cosas me dan más risa que situaciones entre locos. Eso también tenemos en común, no? Éste es sólo para vos...

María, sabiendo que de poeta y de loco todos tenemos un poco...jejeje...en mi caso, con honra me aferro a la locura...

En Marruecos, en la plaza de un mercado, andaban dos locos cogidos del brazo cuando uno de ellos llama la atención al otro y señala hacia el cielo:

-¡Mira!, está anocheciendo.

-¡No hombre!...¿no ves que amanece?

-¡Cómo!, ¿no ves, estúpido, que se está haciendo de noche?

Y así transcurrieron horas de discusión hasta que, comenzando a aburrirse, decidieron preguntar a alguien y salir de dudas. Acertaron a preguntar a otro transeunte del mercado, quien, casualmente, estaba mucho más loco que ellos:

-Por favor, ¿nos puede resolver una duda?, ¿amanece o está anocheciendo?

El loco contempló el cielo durante un rato y finalmente respondió:

-En realidad no lo sé, porque es que yo no soy de este barrio.

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martes, diciembre 12, 2006

Es el destino un laberinto del que no has de salir... 

Nunca supe como llega la gente a un espacio como este. Los que me conocen, calculo, que poniendo nombre y apellido, pero los demás...como llegan?

A media mañana se cortó la luz en la oficina...calor...Plaza San Martín...picada con amigos...casi siesta en el escritorio...CASA!!!!! Tenía un día entre pegajoso y molesto...tirando a mosca de verano. Pero, de pronto, mejoró. Me vino a la mente otro cuento que le gustaba oir a mi sobri...si...si...ella...mi FAVORITA...de paso...que no queden dudas...sólo ELLA tiene derecho a ser mi favorita...no quiero tener problemas...todo claro Tutu? ;)

Un hombre vino muy temprano a presentarse en el palacio del profeta Salomón, con el rostro pálido y los labios descoloridos.

Salomón le preguntó:

"¿Por qué estás en ese estado?"

Y el hombre respondió:

"Azrael, el ángel de la muerte, me ha dirigido una mirada impresionante, llena de cólera. ;Manda al viento, por favor te lo suplico, que me lleve a la India para poner a salvo mi cuerpo y mi alma."

Salomón mandó, pues, al viento que hiciera lo que pedía el hombre. Y, al día siguiente el profeta preguntó a Azrael:

"¿Por qué has echado una mirada tan inquietante a este hombre, que es un fiel? Le has causado tanto miedo que ha abandonado su patria."

Azrael respondió:

"Ha interpretado mal esa mirada. No lo miré con cólera, sino con asombro. Dios, en efecto, me había ordenado que fuese a tomar su vida en la India y me dije: "¿Cómo podría, a menos que tuviese alas, trasladarse a la India?""

¿De quién huyes tú? ¿De ti mismo? Eso es algo imposible. Más vale poner uno su confianza en la verdad.


Me gustó la cyber-charla de hace un rato. El destino...no le huyas...te va a alcanzar...por suerte...;)

María, un tanto sorprendida...

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viernes, diciembre 08, 2006

La jaula 

Mi ahijada Tutu no ha tenido la buena suerte de contar con una madrina conocedora de los grandes clásicos de la literatura infantil. Muchas veces confundo a Alicia y su país maravilloso con la Blancanieves y sus enanos. Salvo Caperucita y Cenicienta, de las que más o menos le conozco la historia, del resto...nada.

Pero eso no es excusa. Cuando el niño es niño necesita fantasía, necesita cuentos para dormir la siesta, necesita una tía que le cuente algo. Y ahí estaba yo, contándole a diario los cuentos sufíes que recordaba. Ella logró tener un favorito, y cada tanto me pide que se lo repita. Hoy lo compartimos, está bien Tutu?

Un comerciante poseía un loro lleno de cualidades. Un día decidió viajar a la India y preguntó a todos qué regalo querían que les trajese del viaje. Cuando hizo esta pregunta al loro, éste respondió:

"En la India hay muchos loros. Ve a verlos por mí. Descríbeles mi situación, esta jaula. Diles: "Mi loro piensa en vosotros, lleno de nostalgia. Os saluda. ¿Es justo que él esté prisionero mientras que vosotros voláis en este jardín de rosas? Os pide que penséis en él cuando revoloteáis, alegres, entre las flores"."

Al llegar a la India, el comerciante fue a un lugar en el que había loros. Pero, cuando les transmitía los saludos de su propio loro, uno de los pájaros cayó a tierra, sin vida. El comerciante quedó muy asombrado y se dijo:

"Esto es muy extraño. He causado la muerte de un loro. No habría debido transmitir este mensaje."

Después, cuando hubo terminado sus compras, volvió a su casa, con el corazón lleno de alegría. Distribuyó los regalos prometidos a sus servidores y a sus mujeres. El loro le pidió:

"Cuéntame lo que has visto para que yo también me alegre."

A estas palabras, el comerciante se puso a lamentarse y a expresar su pena.

"Dime lo que ha pasado, insistió el ave. ¿Cuál es la causa de tu pesar?"
El comerciante respondió:

"Cuando transmití tus palabras a tus amigos, uno de ellos cayó al suelo, sin vida. Por eso estoy triste."

En aquel instante, el loro del comerciante cayó inanimado, también él, en su jaula. El comerciante, lleno de tristeza, exclamó:

"¡Oh, loro mío de suave lenguaje! ¡Oh, amigo mío! ¿Qué ha sucedido? Eras un ave tal que ni Salomón había conocido nunca una semejante. ¡He perdido mi tesoro!"

Tras un largo llanto, el comerciante abrió la jaula y lanzó al loro por la ventana. Inmediatamente, éste salió volando y fue a posarse en la rama de un árbol. El comerciante, aún más asombrado, le dijo:

"¡Explícame lo que pasa!"

El loro respondió:

"Ese loro que viste en la India me ha explicado el medio de salir de la prisión. Con su ejemplo me ha dado un consejo. Ha querido decirme: "Hazte, pues, el muerto"


Casi al mismo tiempo, mientras pedía "otra vez", repetíamos juntas la moraleja...o lo que nosotras creemos que es la moraleja: a veces, hasta sin querer, repitiendo algo simplemente, se puede lograr dar algo valioso.

Por si te quedó alguna duda, siempre me das algo valioso...concientemente o no.

María, descansando...3 días!!!!!

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