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domingo, marzo 18, 2007

Para pensar: aceptar es más dificil que dar...a veces 

Había un hombre muy devoto de Dios, de Jesús y de la Santísima Virgen María. Educaba a su familia dentro de las leyes de Dios, y asistía a misa a diario.

Cierto día, llego una gran tormenta y comenzó a llover en abundancia, sin cesar y sin interrupciones. El río no pudo contener tamaña cantidad de agua y empezó a desbordarse.

Un vecino con su camioneta le pidió que subiera con su familia para irse lejos, a un lugar más alto. El hombre dijo que no era necesario, que seguía pidiéndole ayuda a Dios y confiaba en que nada le pasaría.

Tanta agua entro por la puerta de la casa que él, su esposa y sus hijos se subieron a la mesa para permanecer secos. En ese instante llegó una lancha de la Prefectura naval, diciéndole al hombre que tenían que abandonar la casa, ya que el agua podría continuar subiendo, corriendo riesgo su vida y la de su familia, a lo que el hombre respondió: de ninguna manera me voy a ir, yo soy muy devoto y mi fe es muy grande y se que Dios y la Virgen me ayudaran y esto pasara, no me iré. Y los prefectos decidieron irse.

El agua siguió su camino de furia y violencia arrasando todo a su paso, por lo que el hombre con su familia, debieron trasladarse al techo de su vivienda, y la lancha de prefectura volvió a aparecer insistiendo en que debía abandonar la casa con su familia, y el hombre volvió a repetir lo mismo: de ninguna manera, yo se que Dios me va a ayudar, y no me abandonará; y el prefecto le dice, si señor pero el agua no cesará de crecer por ahora, debe irse, y el hombre se volvió a negar y los prefectos se marcharon nuevamente.

El agua siguió con sus embates y el río creció velozmente aún más, al punto que su familia y él estaba agarrados de la antena de televisioón de la casa, a punto de sucumbir. Llega un helicóptero y le dice que no puede seguir así, que se suba a la escalera y se dejaran ayudar. El hombre negándose nuevamente y esperanzado en su fe, le dijo que no al prefecto, que tomó por la fuerza a la esposa y a sus hijos y le dijo: usted si quiere puede quedarse, pero su familia viene conmigo, ya no hay tiempo. El hombre se quedó diciendo que Dios lo ayudaría, que no lo abandonaría, y vió como su familia se alejaba en la lancha, y el agua siguió subiendo al punto de ahogarlo.

Muerto, llega a ver a Dios y le reclama: señor, siempre fui devoto, viví en la fe, eduqué a mis hijos en ella...confié en vos y me dejaste morir. A lo que Dios le respondió: no te equivoques, yo te mandé una camioneta, la lancha de la prefectura dos veces y un helicóptero...fuiste vos el que se quiso aceptar la ayuda que te estaba enviando.

María, pensalo...a veces no sabemos de donde viene la mano que nos dan...